27 de julio de 2012

El niño Salvatierra (Crónica Policial)


Carlos Salvatierra fue hallado sin cabeza y sin ventrículo derecho. Vivía al 4500 de Av. Cabildo. Una zona bacana, en extremo bacana. Parecía inglesa, según qué ojos te hayas puesto esa mañana. Esas casitas de película inglesa, donde una parejita se despide o rompe de pie a las escaleras cubiertas de nieve. Pero Carlos Salvatierra no se había despedido de nadie, lo asesinaron de sorpresa. Le sacaron los ojos, las manos, los pies y por último la cabeza. Y el corazón. El corazón. Ese es el quid de esta cuestión. El símbolo, muy fuerte, amor, pasión, alma, vivir, vida.
En la causa interviene el Juzgado de Menores número 46 –Carlos Salvatierra, olvidé mencionarlo, de 5 años de edad-. Ese jueves fue al colegio como todos los días -siendo la trampa a esta regla los sábados y domingos-, participó de las clases, era aplicado, inteligente y roñoso. Era dientudo –acota su madre- y morocho. Era chiquito, 5 años!!!!! Señora, 5 años!!!!!!, lee usted?? “Le sacaron los ojos, las manos, los pies y por último la cabeza. Y el corazón”. ¿¿Qué mundo hijo de puta permite una cosa así?.
Los vecinos del lugar comentan en las joyerías del barrio mientras esperan su ración diaria de oros y jamones del momento. O de moda en Europa. Comentan, decía, sobre la espantosa aparición de carácter: estonopasanunca. El niño Carlos decapitado, o pitado por un gigante fumador de tabaco y gente –niños-.  El niño Carlos ha muerto, lo han muerto. Lo han ido y recontra ido. ¿Dónde estará Carlitos? Se pregunta lagente, ¿dónde estará Carlitos?.
Dentro de los municipios reina el silencio. Ningún funcionario quiso hacer declaraciones a la prensa. Evidentemente, Carlos Salvatierra no era parte de eso que dice: el Estado somos todos. A Carlos Salvatierra se lo devoró el Estado. El Estado le sacó los ojos, las manos, dedo por dedo, con un broche de metal de colgar la ropa, le sacó los pies con una tenaza gigante, la cabeza, y el corazón, sí, oh, el corazón.
En las oficinas de policías se rascan la cabeza, mientras un enorme cuadro del glorioso General San Martín te mira desde la pared. Nunca viste uno tan grande. “Quiero declarar por el caso del pibe Salvatierra”, dice el vecino colaborador. No se preocupe, buen vecino, vuelva a su casa que hace frío, lo del pibito Salvatierra ya se aclaró, ya tenemos un preso.
No existía. Ese preso no existía. El preso seguían siendo las pupilas del chiquito con la imagen de su asesino grabada a fuego para siempre, desde donde esté. Lo de Salvatierra fue cualquier cosa. Los asesinos estaban en la cárcel, pero rejas afuera, trabajando por la inseguridad de los chicos. Ninguno estaba en un calabozo.
A Carlos Salvatierra lo velan esta tarde en Casa Au Revoir de Belgrano. (Foto: niños afuera jugando, adultos fumando, tomados del brazo tan liviano cuando adentro del lugar hay un niño de 5 años sin cabeza tendido en una caja de madera que irá de viaje al centro de la tierra, por toda la eternidad, en una honorable misión de amor a la humanidad.) Y mañana a las 10 de la mañana sus restos serán inhumados en Jardín de Belleza Espiritual del Dr. Chung. Su familia y sus amigos lo recuerdan con esta canción. “Salvatierra in the sky with diamons, Salvatierra in the sky with diamons, ohhhhh”.





Paula

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